Venimos de dos pasos

  • En el primer artículo desmontamos la superstición de que natural significa bueno.
  • En el segundo vimos que las moléculas no son buenas o malas por su origen: importan la estructura, la dosis, la exposición y el contexto.

Ahora toca la parte comercial y regulatoria: eco, bio y orgánico.

Entremos en el punto delicado.

Eco, Bio y Orgánico no significan lo mismo en todos los países, pero en el contexto alimentario europeo apuntan a una idea común:

  • Productos sometidos a una regulación específica sobre producción ecológica.
  • Hay normas. Hay certificación. Hay controles.
  • Hay restricciones sobre fertilizantes, pesticidas, organismos modificados genéticamente, bienestar animal y otras prácticas productivas.

Eso es real. Y puede tener valor. Pero una norma de producción no es una garantía universal de superioridad.

  • No significa automáticamente "más nutritivo".
  • No significa automáticamente "más seguro".
  • No significa automáticamente "mejor para el planeta".
  • No significa automáticamente "más justo".

Significa que se ha producido bajo determinadas reglas. La diferencia es enorme.

  • "La Realidad esta ahí para que la encuentres, persíguela." — Pedro Telleria.

El consumidor debería saberlo.

  • Porque una cosa es pagar por un estándar productivo que valora, y ...
  • otra muy distinta es creer que está comprando salud embotellada, virtud ambiental y superioridad nutricional en la misma bolsa.
  • Lo primero es una decisión de consumo. Lo segundo es fe con ticket de compra.

Orgánico no significa sin sustancias

Una de las confusiones más extendidas es pensar que la agricultura ecológica no usa sustancias químicas.

No es verdad.

La agricultura ecológica puede usar determinadas sustancias permitidas. Lo que cambia es la lista de lo autorizado y lo prohibido. Algunos productos se permiten por su origen o por su encaje en la norma. Otros se restringen. Otros se prohíben. También existen controles y límites.

Esto rompe una fantasía muy cómoda: "lo eco no lleva química".

  • Gutiérrez Aragón (RAE, 24/01/16) lo explicó muy bien hablando de cine: no basta lo Natural para construir Naturalidad.
  • Con lo ecológico ocurre algo parecido: no basta parecer natural para ser mejor. La naturalidad también puede construirse, certificarse, empaquetarse y venderse.

Si una explotación usa compuestos de cobre, azufre u otras sustancias permitidas, sigue usando química.

  • Si aplica tratamientos, sigue interviniendo.
  • Si fertiliza, sigue modificando el sistema.
  • Si riega, selecciona semillas, combate plagas, protege cultivos o transporta productos miles de kilómetros, no vive en un paraíso preindustrial.
  • Produce alimentos.

Y producir alimentos siempre implica transformar la naturaleza.

La agricultura no es naturaleza virgen. Es naturaleza domesticada.

Un campo de cultivo no es un bosque.

  • Un monocultivo ecológico sigue siendo un monocultivo.
  • Una "lechuga bio" no aparece espontáneamente en el monte para alimentar urbanitas sensibles.
  • Alguien preparó el suelo, eligió una variedad, gestionó plagas, usó agua, consumió energía, recolectó, envasó y transportó.

La etiqueta puede decir muchas cosas. Pero no puede borrar la realidad material de producir comida.

No garantiza más nutrición

La pregunta de la nutrición parece sencilla: los alimentos ecológicos, ¿son más nutritivos?

La respuesta honesta es incómoda para el marketing:

  • No de forma general y garantizada.

Hay revisiones científicas que encuentran diferencias en algunos compuestos.

  • En ciertos estudios aparecen mayores niveles de polifenoles o antioxidantes en algunos cultivos ecológicos.
  • En otros se observan menores niveles de cadmio en determinados casos.
  • En productos animales, algunas revisiones encuentran diferencias en ácidos grasos, por ejemplo más omega-3 en algunos lácteos o carnes bajo ciertos sistemas de alimentación.

Bien. Eso no autoriza a decir: "lo eco alimenta mejor".

  • Primero, porque las diferencias no aparecen iguales en todos los alimentos.
  • Segundo, porque la importancia nutricional real puede ser pequeña.
  • Tercero, porque una dieta saludable depende mucho más del patrón completo que de la etiqueta de cada tomate.
  • Cuarto, porque la variedad, la frescura, el grado de maduración, la conservación, el procesamiento y la forma de cocinar pueden cambiar más la experiencia nutricional que el sello ecológico.

Comer fruta y verdura importa. Comer legumbres importa. Reducir ultra-procesados pobres importa. Consumir suficiente proteína, fibra y micronutrientes importa.

Obsesionarse con que todo sea bio mientras la dieta general es mala, importa bastante menos. La etiqueta no compensa un mal patrón alimentario.

Y aquí conviene ser muy claro:

  • Puede haber productos ecológicos excelentes. También puede haber productos ecológicos mediocres.
  • Puede haber un tomate convencional extraordinario y un tomate bio insípido.
  • Puede haber un pan ecológico lleno de harinas refinadas y azúcar.
  • Puede haber galletas bio que siguen siendo galletas.

Bio no convierte un producto en saludable. Solo lo hace más vendible para un tipo de consumidor.

Continuará

En el artículo 4 conviene poner la etiqueta ecológica a prueba en cuatro terrenos incómodos:

  • seguridad alimentaria
  • impacto ambiental real