Inteligencia Artificial y Humanidad Interplanetaria: Al fin algo Inspirador

2025-10-05 · Pedro Tellería

Durante dos décadas tan solo hemos perfeccionado Pantallas, nada con Sustancia. El artículo sostiene que la tecnología ha vuelto a ilusionar la sociedad gracias a dos palancas concretas: la Humanidad Interplanetaria —con SpaceX abriendo una frontera real— y la Inteligencia Artificial como herramienta y extensión práctica para la mente. No son juguetes ni escapismo: reordenan prioridades, devuelven dignidad al esfuerzo colectivo y mueven vocaciones hacia la ciencia y la cooperación.

La tesis central: elegir ver el futuro como reto —no amenaza— activa el propósito y aprendizaje acelerado.

Implicación práctica: Este es un gran salto para la sociedad y para nosotros como individuos, la IA como herramienta nos permitirá proponernos retos personales y profesionales más elevados. Como sociedad, podremos expandir la sociedad de la abundancia a todo el planeta. Es más, nos permitirá avanzar para desarrollar nuestra singularidad humana (empezando por la Consciencia) al espacio exterior.


  • Autor: Pedro Tellería

  • Fecha: 05/10/25

  • Web: PedroTelleria.com
  • Cápsulas de Pensamiento: Ciencia y Tecnología

Desde el inicio del presente siglo y durante dos décadas, la tecnología se había vuelto aburrida. Tras la revolución de los ordenadores personales, las hojas de cálculo, el auge de la programación accesible y la aparición de internet, entramos en un largo letargo. Las redes sociales, los smartphones o el e-commerce fueron mejoras, sí, pero no generaban ilusión. Eran extensiones funcionales, no revoluciones vitales. Hasta que, por fin, han vuelto a aparecer dos proyectos que nos despiertan algo esencial: la Ilusión.

Porque la vida, en el fondo, es eso: Ilusión. La Ilusión es el combustible de la acción humana. Sin ella, el ser humano se marchita, se vuelve cínico, narcisista, atrapado en el presente porque el futuro parece inalcanzable.

1. La Ilusión perdida

Pongamos un ejemplo. Eres joven, tienes un sueldo medio, y sueñas con independizarte. Pero los precios de la vivienda son absurdos, inalcanzables. Entonces tu cerebro hace clic: «No tiene sentido ahorrar». Y lo que te sobra lo gastas en viajes, ropa, fiestas, caprichos. No porque seas superficial, sino porque no ves un futuro por el que valga la pena sacrificarse. El sistema ha apagado tu Ilusión.

Este fenómeno no es nuevo. A lo largo de la historia, ha habido épocas donde la humanidad bullía de entusiasmo (como durante la carrera espacial de los años 60), y otras donde se arrastraba sin rumbo (2001-2022).

2. La experiencia del pasado: de la ciencia a la acción

Quien viviera los años 70, 80 o 90 con mente curiosa, sabe de lo que hablamos. La ciencia te atrapaba.

  • Se descubrían los quarks, se rompían los protones, la física subatómica avanzada a zancadas.
  • Los ordenadores personales llegaban a los hogares.
  • Programar en BASIC, Fortran, C++ era accesible, emocionante.
  • Herramientas como las hojas electrónicas multiplicaban nuestra capacidad de simulación.
  • Programas de Elementos Finitos (FEM), CAD y CAE, nos permitían avances por múltiplos en ingeniería
  • La robótica nos permitía fabricar coches y aviones reduciendo la monotonía, la imprecisión y el sobrecoste asociados al trabajo humano.

Todo eran novedades que nos aportaban el «poder de crear». Cada nueva tecnología era una palanca.

3. Pero el nuevo siglo se volvió trivial y aburrido

Y eso es lo que habíamos perdido con el nuevo siglo.

Tras la crisis de internet «Crisis puntocom» en 2001 -y una larga serie de crisis subsecuentes-, la tecnología nos abandonó. Redes sociales, extensión del comercio electrónico, smartphones (meros ordenadores de mano), y poco más. Durante 20 años: aplicaciones superficiales, postureo digital y herramientas que no generaban profundidad vital (aunque alguna como Google Maps, fuese muy útil). Meros juguetitos en la palma de la mano, consumiendo nuestro tiempo y atención, distanciándonos del contacto personal, de la naturaleza y del mundo real, alejándonos del aburrimiento constructivo e innovador.

No es nostalgia. Es diagnóstico. Las apps y gadgets de las dos primeras décadas del siglo han estado diseñadas con un único objetivo: "Engagement".

  • Capturar atención: igual que la TV buscaba audiencia, las redes sociales nos roban el tiempo. De 25-40 horas semanales de televisión en el 2000, pasamos a cifras mucho mayores de pantalla con los smartphones (incluso puede hablarse de «adicción enfermiza»).
  • Objetivo trivial: colocar Publicidad y vender vía e-commerce. Google ya no busca, camufla respuestas entre anuncios. Facebook, TikTok e Instagram alimentan el hedonismo. Telegram y X.com sobreviven como canales alternativos, aunque uno por saturación y otro por su utilidad como medio no censurado.
  • Valor añadido limitado: algunas apps como Google Maps, WhatsApp o YouTube cumplen funciones prácticas, pero son evoluciones de utilidades preexistentes.
  • Y el resto son mejoras, no revoluciones: teléfono, reloj, cámara, agenda, email, SMS, videollamadas, traductores, pódcasts, música, e-books, claves de acceso (automatizadas por huella o cara), etc.

Herramientas útiles, sí. Pero ninguna de ellas cambia la relación del ser humano con el conocimiento, la acción o el futuro. No generan Ilusión. Tan solo la ocupan.

Hoy, sin embargo, algo está cambiando. Y de forma radical.

4. La Humanidad Interplanetaria: un sueño real

Gracias a empresas como SpaceX, por primera vez, la posibilidad de que el ser humano habite otros planetas ya no es ciencia ficción. Es un proyecto en marcha. Puede tardar décadas, sí, pero es tangible y factible. Imagina lo que eso significa para una generación entera de jóvenes: pensar que pueden formar parte de la historia que lleve a la especie humana a convertirse en interplanetaria.

Esta narrativa tiene el poder de motivar, de formar vocaciones, de encender pasiones. Como lo fue en su momento la conquista de los mares durante la Edad de los Descubrimientos, o el Apolo 11 en 1969, este nuevo horizonte está llamado a redefinir el sentido de la aventura humana.

¿Es realista pensar en vivir en Marte? La respuesta es sí. No hoy. Ni mañana. Pero sí dentro de la lógica del desarrollo exponencial y la ambición humana. No hablamos de que toda la población se traslade, sino de abrir una nueva frontera. Y sí, vivirán allí primero los científicos, como en su día en la Estación Espacial Internacional (ISS). Pero tras ellos llegarán ingenieros, técnicos, constructores... y con el tiempo, comunidades humanas adaptadas fisiológicamente, o incluso con consciencia disociada del cuerpo biológico.

Lo verdaderamente importante no es si llegamos a colonizar Marte con millones de personas. Es el reto. La apertura de nuevas fronteras. El ir más allá. Lo grande, lo pequeño, lo peligroso, lo desconocido, nuestros orígenes y nuestro destino. La humanidad necesita desafíos que le devuelvan dignidad.

Y estos desafíos, lejos de alienar, pueden reconducir nuestras prioridades. Inspirar a nuevas generaciones a estudiar ciencia y tecnología, a colaborar en empresas colectivas donde se comparta el esfuerzo y el éxito. Como cuando cazábamos mamuts en equipo. Como el verdadero espíritu del capitalismo: cooperación para conquistar lo imposible.

5. La Inteligencia Artificial: una herramienta sin precedentes

En paralelo, estamos presenciando el nacimiento de la herramienta más poderosa que el ser humano ha creado jamás: la Inteligencia Artificial.

Del mismo modo que el fuego o la rueda multiplicaron nuestra fuerza física, la IA promete multiplicar nuestra capacidad intelectual.

  • No hablamos de simples algoritmos o chatbots.
  • Hablamos de una extensión real de la mente humana.
  • Una herramienta que podrá convertir ideas en prototipos, pensamientos en textos, bocetos en productos. Y todo en tiempo real.

La IA bien usada no sustituye al humano: lo amplifica. Nos libera de tareas repetitivas, nos permite pensar en problemas más complejos, nos obliga a desarrollar criterio, juicio, creatividad. Y eso, una vez más, genera Ilusión.

Como la imprenta en el Renacimiento o la máquina de vapor en la Revolución Industrial, la IA cambia radicalmente el alcance de nuestra mente y nuestro impacto en el mundo.

Y si seguimos a Nietzsche, que decía que «el hombre es algo que debe ser superado», podríamos ver la IA como un paso en esa dirección: una herramienta para trascender nuestras limitaciones cognitivas.

¿Sabemos lo que es la Consciencia? ¿podrá la IA ayudarnos a entenderla? Muchos confiamos en esa dirección.

6. El futuro como reto, no como amenaza

Hoy tenemos dos palancas que pueden cambiar el rumbo. Pero también tenemos una decisión que tomar: ¿las veremos como amenazas o como oportunidades?

La exploración espacial no es un capricho de millonarios. Es una apuesta por la supervivencia y la grandeza. Como lo fue circunnavegar la Tierra, conquistar el aire o pisar la Luna.

Carl Sagan lo dijo claro: «Somos polvo de estrellas». Explorar el espacio no es escapar de la Tierra, es volver a nuestras raíces cósmicas.

Y la IA no es (solo) un riesgo de control y manipulación, sino una herramienta que puede liberar el potencial de millones de personas.

Volver a tener Ilusión no es una trivialidad. Es un deber civilizatorio. Las nuevas generaciones merecen sueños grandes, no solo salvapantallas bonitos.

7. Conclusión: El regreso de la Ilusión

Tras décadas de tecnología funcional pero sin alma, por fin tenemos ante nosotros proyectos a nuestra altura. La Humanidad Interplanetaria y la Inteligencia Artificial son algo más que avances científicos: son narrativas que pueden devolvernos la energía de vivir, de aprender, de construir.

Y eso, en una sociedad adormecida y sin horizonte, puede marcar la diferencia entre una generación perdida y una generación legendaria.

La Ilusión ha vuelto. Ahora nos toca estar a su altura.

Epílogo

Quizá esta vez no se trate solo de inventar herramientas o conquistar nuevas tierras. Tal vez, por primera vez, lo que está en juego sea quiénes somos y quiénes queremos ser.

Nos asomamos a dos umbrales: uno exterior, hacia el cosmos; y otro interior, hacia la Consciencia. Ambos exigen valentía, visión y, sobre todo, propósito.

Si sabemos conectar estos desafíos con lo más noble del ser humano —el deseo de saber, de construir, de colaborar, de trascender—, entonces sí, estaremos a la altura.

La historia vuelve a llamarnos. Y esta vez, no desde el pasado… sino desde el futuro. ¿Responderemos?