Subsidiariedad: la idea que desmonta el Estado obeso

2026-01-10 · Pedro Tellería

La subsidiariedad es un principio político diseñado para frenar la expansión natural del Estado y devolver decisiones al nivel más cercano al ciudadano. No promueve cooperación administrativa ni descentralización automática, sino contención del poder. El artículo explica su origen intelectual, su encaje con el liberalismo clásico y por qué el modelo español representa un caso extremo de anti-subsidiariedad. La conclusión es clara: aplicar subsidiariedad implica que el poder político renuncie a competencias, y por eso casi nadie quiere hacerlo.


  • Autor: Pedro Tellería
  • Fecha: 01/01/26
  • Web: PedroTelleria.com
  • Temática: Pensamiento-Crítico, Mente-Liberal
  • Serie: Subsidiariedad
  • URL: pedrotelleria.com/article.php?id=37&lang=ES

Subsidiariedad, la idea que desmonta el Estado obeso (y por eso nadie quiere aplicarla).

La subsidiariedad es una de las ideas políticas más potentes del pensamiento occidental moderno. Y, a la vez, una de las más tergiversadas.

No es un tecnicismo. No es una palabra bonita para discursos europeos. No es una excusa para “cooperar entre administraciones”.

Es una bomba conceptual contra el Estado hipertrofiado. Y por eso se evita. O se vacía de contenido.

La subsidiariedad toca el nervio central del poder: quién decide, desde dónde, y con qué legitimidad.

Habla de individuo, familia, empresa, comunidad. Habla de eficiencia, responsabilidad, libertad. Habla, sobre todo, de límites. Y el poder odia los límites.

1. Qué es la subsidiariedad (definición estricta)

La subsidiariedad establece una regla clara y no negociable: Una instancia superior solo debe intervenir cuando la inferior no puede realizar eficazmente una función por sí misma.

No “cuando quiera”. No “cuando crea que lo hará mejor”. No “por coordinación”. Solo cuando sea imprescindible.

Esto implica un orden de prelación inverso, empezando siempre desde abajo: Persona, Familia, Empresa, Municipio, Provincia, Comunidad autónoma, Estado nacional, Unión Europea, Entes supranacionales difusos

El poder no nace arriba. Se desplaza hacia arriba solo si es necesario.

La subsidiariedad no busca descentralizar por moda. Busca proteger la autonomía de las esferas inferiores frente al apetito natural de las superiores.

Porque el poder tiene una ley física propia: tiende a crecer, a concentrarse y a justificarse.

2. La idea central (y la confusión habitual)

La subsidiariedad no dice: que “cooperen todas las administraciones”, que “triunfe el más débil”, que “todo se descentralice siempre”. Eso es caricatura.

La subsidiariedad dice algo mucho más incómodo: La libertad y la responsabilidad deben residir en el nivel más cercano al ciudadano. Y el resto debe abstenerse.

No es una teoría de la cooperación. Es una teoría de contención del poder.

No premia al débil. Protege al próximo.

3. De dónde viene esta idea (y por qué es sólida)

La subsidiariedad no nace de un despacho moderno.

Tiene raíces profundas y transversales.

  • Tradición liberal-conservadora británica: Edmund Burke lo vio con claridad: "la sociedad civil sabe hacer cosas que el Estado destruye cuando intenta sustituirlas". Alexis de Tocqueville fue aún más preciso: "cuando el Estado reemplaza la acción local, la democracia degenera en una centralización blanda, paternalista, asfixiante".
  • Unión Europea (en teoría): El principio está incluso en el artículo 5 del Tratado de la Unión Europea: la UE solo debe actuar cuando los Estados no pueden lograr el objetivo.
  • Doctrina social de la Iglesia: La encíclica Quadragesimo Anno (1931) lo formula sin rodeos: “Lo que pueden hacer los individuos no debe encargarse a la sociedad; lo que pueden los grupos pequeños no debe asumirse por los mayores.” No es progresista. No es conservador. Es lógico.

4.Tres reglas simples:

  • Proximidad: decide quien está más cerca del ciudadano.
  • Eficiencia: si el nivel inferior funciona, el superior se abstiene.
  • Limitación del poder: freno institucional al crecimiento del Estado.

El problema no es el principio. Es que no se cumple.

(continua: Parte-2)

Pedro Tellería

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