- Autor: Pedro Tellería
- Fecha: 16/12/25
- Web: PedroTelleria.com
- Temática: Geopolítica
- URL: pedrotelleria.com/article.php?id=33&lang=ES
Entremos al grano directamente: La pregunta ya no es si China es una dictadura y Europa una democracia. Esa discusión está agotada y, en el fondo, es irrelevante.
La pregunta importante es otra:
- ¿qué modelo es capaz de transformar conocimiento en poder económico, tecnológico y estratégico a medio plazo?
- Y, aún más incómoda: ¿qué modelo está hoy autodestruyéndose por decisión propia?
1. China y Europa, enfoques contrapuestos
China es, de facto, una "Dictadura Capitalista". No en el sentido moral, sino en el operativo: 1-propiedad privada limitada, pero respetada mientras sirva al crecimiento; 2-mercados funcionales, pero dirigidos; 3-capitalismo productivo subordinado a objetivos nacionales.
Europa, en cambio, es una 1-democracia burocratizada e infantilizada, donde el voto se ha convertido en marketing, 2-el Estado en gestor omnipresente, y 3-la política en un ejercicio permanente de huida hacia adelante.
Desde esa asimetría nace el conflicto central de nuestro tiempo.
- Europa cree que puede redefinir la realidad económica por decreto. Cree que puede decidir, desde despachos y cumbres políticas, cómo debe producirse la energía, a qué coste, con qué tecnologías y en qué plazos, sin pagar un precio estructural.
- China, por el contrario, adopta una posición brutalmente pragmática: “vosotros encareced vuestra energía, cerrad vuestras industrias y tranquilizad vuestra conciencia; yo produciré barato, creceré y os suministraré lo que necesitéis”.
Mientras Europa discute objetivos morales, China ejecuta estrategias de poder.
2. Liberalismo: advertencias ignoradas
Conviene recordar algo que se olvida con facilidad: los grandes pensadores del liberalismo nunca fueron ingenuos. No creían en utopías, ni en decretos mágicos, ni en sociedades perfectas diseñadas desde arriba.
- Adam Smith nunca defendió la codicia, sino el orden espontáneo que emerge cuando existen precios, competencia y reglas claras. Su advertencia era simple: cuando el poder político decide ganadores, el sistema deja de asignar recursos de forma eficiente.
- Hayek fue todavía más claro: el problema central de cualquier sociedad compleja es el conocimiento disperso. Nadie, ningún comité, ningún ministerio, puede saber lo suficiente como para planificar correctamente una economía. Cuando se intenta, se apagan los mecanismos de corrección de errores.
- Milton Friedman insistió en que la libertad económica no garantiza la libertad política, pero sin libertad económica, la libertad política acaba siendo una ficción. Cuando el Estado controla la mayoría de los recursos, controla también las decisiones vitales.
- Popper advirtió contra la ingeniería social a gran escala: los sistemas que prometen resultados perfectos suelen fracasar de forma catastrófica, porque no saben corregirse a tiempo.
Todos ellos compartían una intuición básica: el poder sin feedback termina destruyendo aquello que pretende mejorar.
Europa ha ignorado estas advertencias. China, curiosamente, ha aprendido algunas de ellas, aunque no por convicción liberal, sino por instinto de supervivencia.
3. Ciencia, ingeniería y producción: el ciclo real del poder
La prosperidad moderna no nace de la ciencia en abstracto. Nace de un proceso acumulativo mucho más concreto:
- Ciencia básica → ingeniería aplicada → producción industrial → aprendizaje por fabricación → dominio tecnológico.
Europa fue líder en ciencia durante siglos. Estados Unidos lo fue durante el siglo XX.
China ha recorrido, en apenas cuatro décadas, todo el ciclo completo. Primero copió. Luego fabricó. Después mejoró. Más tarde optimizó. Finalmente, empezó a liderar.
Este proceso es visible en la electrónica, los semiconductores, la computación, la automoción, las energías renovables y, de forma creciente, en la energía nuclear de nueva generación (SRM, HTGR, ...), incluidas tecnologías avanzadas como los reactores de sales fundidas (MSR).
Esto no es casualidad. El que fabrica aprende. La fábrica es el laboratorio real de la ingeniería. Cada iteración reduce costes, mejora procesos, detecta fallos y acumula conocimiento tácito que no está en los "papers" ni en las patentes.
Europa ha ido abandonando la fábrica. Y con ella, el aprendizaje.
4. Energía: la variable que nadie puede engañar
Hay una verdad incómoda, pero histórica: la calidad de vida de una sociedad está estrechamente ligada a su consumo de energía per cápita. Más energía disponible significa más productividad, más bienes, más movilidad, más confort y más capacidad tecnológica.
No es una opinión. Es un patrón histórico.
- Europa ha decidido encarecer su energía de forma deliberada. No como efecto colateral, sino como objetivo político. Ha impuesto restricciones, impuestos implícitos, mercados eléctricos mal diseñados, cierres acelerados y una narrativa moral que convierte la energía barata en algo sospechoso. El resultado es previsible: industria menos competitiva, menor inversión y fuga de producción.
- China ha hecho lo contrario. Ha priorizado energía abundante, estable y barata. Ha diversificado fuentes. Ha invertido masivamente en generación, redes y capacidad industrial. Y ha entendido algo fundamental: sin energía no hay soberanía.
Europa ha confundido liderazgo moral con desarme económico.
5. El diagnóstico duro: el bucle de autodestrucción europeo
El proceso es claro y se retroalimenta:
- Energía cara e inestable.
- Caída de márgenes industriales.
- Menos inversión productiva.
- Desindustrialización.
- Estancamiento de salarios reales.
- Malestar social y voto emocional.
- Más intervención política, más regulación, más costes.
- Energía aún más cara.
Es un bucle cerrado. Un sistema que se degrada a sí mismo.
La política responde al malestar con subsidios, deuda y promesas. No corrige la causa raíz. La burocracia crece. El cálculo económico desaparece. El Estado controla cada vez más recursos sin asumir riesgos ni responsabilidades.
China falla en libertades políticas. Europa falla en capacidad de producir riqueza. A medio plazo, ese segundo fallo es letal.
6. ¿Habrá techo para China?
Se suele afirmar que el modelo chino tiene un techo inevitable por falta de libertad. Puede ser. Pero hay una pregunta previa más incómoda: ¿quién está construyendo su techo antes?
Europa está levantando el suyo a base de costes, lentitud, regulación y autolimitación estratégica. China, mientras tanto, acumula capital, infraestructura, talento y capacidad industrial.
El riesgo chino es un error grande. El riesgo europeo es una decadencia lenta, pero segura.
7. La pregunta final
Nada de esto es inevitable. Son decisiones políticas, culturales y estratégicas. Europa podría cambiar de rumbo. Podría recuperar energía competitiva, reindustrializarse, simplificar procesos, respetar el cálculo económico y volver a convertir conocimiento en producción.
Pero eso exige abandonar la comodidad moral y afrontar la realidad física del mundo.
La pregunta queda abierta, y es ineludible:
- ¿Nos resignamos a desaparecer como actor relevante en el escenario global?
- ¿O luchamos por seguir siendo una civilización capaz de producir, innovar y decidir su propio destino?
No hay decreto que sustituya a la energía.
No hay relato que sustituya a la fábrica.
Y no hay futuro sin poder económico real.
Pedro Tellería
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