Televisión de Pago, la nueva Cornucopia (parte-1)

1994-01-11 · Pedro Tellería

La televisión por cable se perfila como el gran mercado emergente de los años noventa en España. Con una demanda latente de millones de hogares dispuestos a pagar entre 800 y 3.000 pesetas al mes, el potencial económico es inmenso. Más allá del ocio, supone modernizar infraestructuras, generar empleo y abrir la puerta a nuevos servicios de telecomunicaciones y a la futura “superautopista de la información”. Sin embargo, el desarrollo depende de un marco legal que el Gobierno retrasa desde hace años. Este artículo analiza el escenario, los actores implicados y el tamaño de la oportunidad que España podría estar dejando pasar.


  • Publicado: "Cinco Días"
  • Autor: Pedro Tellería
  • Fecha: 11 de Enero 1994

La televisión por cable es uno de los nuevos servicios y oportunidades de negocio que están manteniendo en mayor medida la atención, tanto política como de empresas y particulares. Este artículo se centra en las bondades ("Goodies", dirían los anglosajones), que la televisión por cable ofrece a empresas y ciudadanos, y que son la razón fundamental para que se formalice el marco legislativo y se posibilite el establecimiento de proyectos inversores relevantes.

En pocas ocasiones ha existido un mayor interés en la sociedad para que se desarrolle y ofrezca un nuevo servicio. El punto de atención de muchas empresas, ciudadanos y políticos es actualmente la televisión por cable, en la que confluyen tanto la existencia de una demanda latente por parte de los televidentes (cerca de 40 millones de españoles o más de 11 millones de hogares), como múltiples oportunidades de negocio para diferentes empresas que están ansiosas por desarrollar.

Si se hace una correlación entre la demanda latente en la sociedad española y las experiencias del desarrollo de la televisión por cable en otros países, nos encontramos con que entre tres y siete millones de hogares españoles podrían suscribirse a un servicio que les costaría mensualmente entre 800 y 3.000 pesetas. A cambio se les ofrecería una programación con un número de canales de entre 10 y 25, en su mayoría carente de anuncios y con niveles de especialización temática más adecuados a sus gustos que la oferta televisa a actual.

Las estimaciones de precios por el servicio de televisión por cable parecen razonables si se comparan con las tarifas de la oferta actual de televisión de pago, cuando más de 500.000 abonados pagan 3.000 pesetas mensuales por un solo canal (Canal +), y cerca de 1.500.000 de hogares están suscritos a alguna de las 300 empresas de video comunitario con pagos mensuales de 800 pesetas de media. Además, se debe también considerar como demanda susceptible de migrar a la TV por cable los 4,8 millones de usuarios de videos caseros que consumen una media de 440 pesetas mensuales en alquileres de películas.

Si sumamos toda esta demanda de televisión de pago existente en España, que lógicamente sería proclive a una oferta más extensa de la televisión por cable, y parece razonable que se establezca un mínimo mercado anual de 50.000 millones de pesetas. Ello sin considerar que la existencia de una oferta más amplia y económica reportaría una expansión del a demanda.

En el otro extremo se podría plantear una visión optimista, comparando el mercado español con él de USA, donde el 62% de los hogares están suscritos alguna forma de televisión por cable con pagos mensuales mínimos de 2.600 pesetas, pero que como media ascienden a 4.500 pesetas. Si este nivel de penetración se alcanzase en España, hablemos de un periodo de 10 años, se lograría un nivel de ingresos anuales de 330.000 millones de pesetas o el 0,7% del PIB español.

Además del propio atractivo del mercado de la televisión por cable, para algunas empresas esta se plantea como una oportunidad de acceso a otros negocios. Algunos la ven (con mayor o menor acierto) como la puerta de entrada en algunos de los negocios de telecomunicaciones que ahora explota en condición de monopolio la empresa Telefónica, pero que en algún futuro cabe que estén liberalizados.

Esta opción podría ser de validez dudosa si se tiene en cuenta que los diseños de las redes son topológicamente diferentes. Sin embargo, algunas elecciones tecnológicas y la aproximación a nichos de mercado concretos puede posibilitarla. Así en el Reino Unido varias empresas de televisión por cable están ofreciendo algunos de los servicios de telefonía de voz.

La opción de las "Superautopistas de la Información" es otra de las mieles buscadas por algunas empresas, que ven la televisión por cable como un instrumento de aproximación. Y es que el concepto de "Superautopista de la Información" como instrumento para canalizar servicios avanzados de comunicación prometen ser una de las grandes fuentes de riqueza del próximo siglo.

Por ello el gobierno Clinton ha conseguido a través de los esfuerzos del vicepresidente Al Gore que las 28 principales empresas estadounidenses vinculadas al mundo de la informática y las comunicaciones aúnen sus esfuerzos en el proyecto IIN (Infraestructura de Información Nacional) para posibilitar dicho canal de información.

El hecho de que se asocien en el proyecto IIN acérrimos competidores como IBM, DEC, Apple o Sun, sorprendería si no fuese porque existe una conciencia sobre lo mucho que hay que ganar y repartir.

En Europa, el proyecto Eurie93 entre 22 operadores telefónicos también busca el desarrollo de un canal de alta capacidad para la transmisión de textos, voz, datos e imágenes. Esta coincidencia entre Europa y EE.UU. no parece gratuita, latente queda la posibilidad de desarrollar una demanda adicional de servicios avanzados de telecomunicaciones, del tipo: transferencia de ficheros, acceso a bases de datos de imágenes, teletrabajo, multimedia, videoconferencia...

Diversas empresas han sido atraídas por el caramelo que representa la televisión por cable y han iniciado sus primeros esfuerzos en este negocio. Compañías eléctricas, bancos, operadores de redes de telecomunicación, operadores internacionales de servicios de cable o de telecomunicaciones, empresas de producción o canales televisivos son los principales interesados.

Actualmente hay algunos intentos, si bien tímidos, al respecto. Existen en torno a 800 pequeñas redes, fundamentalmente surgidas de los videos comunitarios, que ofrecen un servicio limitado a pequeñas urbanizaciones.

La asociación AESDICA (Asociación Española de Servicios Distribuidos por Cable) incluyen 30 empresas que disponen de redes de televisión por cable con cerca de 80.000 abonados. Empresas como Procono, Crevisión, TDC, Cabledis, Vídeo-Antena, Seteca, Millisat o Teleleón, son algunas de ellas.

Otras sociedades de mayor entidad preparan sus proyectos. Sevillana de Electricidad, junto con el BBV, BCH, Mulsitel constituyeron Sevillana de Cable para explotar el mercado de Andalucía y Extremadura. Electra de Viesgo creó Santander de Cable para penetrar en el mercado cántabro. Con un planteamiento estratégico más sólido, Prisa, Telefónica y Abengoa constituyeron la Sociedad General de Cablevisión, con ámbito nacional.

Pero si la legislación así lo permite, esto no es más que el principio, la punta de un iceberg al que acudirán empresas nacionales e internacionales de gran envergadura:

  • Operadoras de redes de telecomunicación: nacionales como Telefónica, Retevisión, Correos; internacionales como BT (tal vez empleando su acuerdo con el Banco Santander), FT, US Westm, Bell South, Bell Atlantic...
  • Operadores de redes de televisión por cable: a modo de ejemplo mencionemos los gigantes Cablevisión Systems, continental, Cox, Time Warner, Comcast o TCI.
  • Canales televisivos: TVE, Tele 5, Canal+, Antena 3, o las extranjeras BBC, ABC, NBC.
  • Programadores: CNN, TBS, TNT, Cartoon Network, ESPN, HBO, Viacom, entre otros.
  • Instituciones financieras: BBV, BCH, Argentaria, Banco Santander, Bankinter, La Caixa, Caja Madrid, o también bancos extranjeros o empresas de capital riesgo.
  • Empresas eléctricas: (Iberdrola, Sevillana de Electricidad y Endesa).
  • Otras: Empresas de publicidad, suministradores del medio administraciones públicas (ayuntamientos, autonomías)

Sin embargo, el Gobierno ha sido reticente a la publicación de un marco legislativo estable que permita el desarrollo de este servicio tan demandado por la sociedad y, de hecho al menos durante los dos últimos años, está en proceso (ciertamente interminable) de aprobación la ley de la televisión por cable.

Tras haber sido escindida y relegada cuando en diciembre de 1992 se aprobó la Ley de Televisión vía Satélite (recordemos que el satélite Hispasat, con un coste de 59.000 millones de pesetas, ya estaba en órbita desde el mes de septiembre de 1992), finalmente parece que existe un compromiso para que en 1994 se tramita.

En la fase de desarrollo de dicha infraestructura se generaría tanto empleo directo como indirecto para suministros de red y de usuario, canalización y tendido de redes troncales y de acceso a abonado, y desarrollo de centros de operación (de 10.000 a 15.000 puestos; entre 30.000 y 60.000 años/hombre).

Pero ¿cuáles son los beneficios esperados de la televisión por cable?, y ¿cuáles son los costes y riesgos asociados?

Ciertamente, los beneficios asociados al desarrollo de este servicio son de muy diversa índole, y tal vez no todos están siendo suficientemente analizados y evaluados. Los principales beneficios esperados que se generarían con el desarrollo de servicios de visiones por cable son:

  • Extensión de la oferta de ocio
  • Instrumento educativo
  • Desarrollo económico y creación de puestos de trabajo
  • Modernización de la infraestructura nacional de telecomunicaciones
  • Desarrollo del tejido empresarial español
  • Mejora de los servicios de telecomunicaciones
  • Desarrollo tecnológico del país
  • Pluralidad de opiniones y libertad de expresión

En el próximo artículo se hará un esfuerzo por desglosar y analizar los beneficios coma y los costes y riesgos asociados.

  • Pedro Tellería es Consultor-Senior, responsable de la Práctica "Telecommunications & Information-Industry" para España y Portugal en la firma de Consultoría-de-Dirección Arthur D.Little.